Durante años, los lotes de Navidad para empresas han seguido una fórmula muy similar: una empresa elige una cesta y todos los empleados reciben exactamente lo mismo.

Es práctico, pero no siempre funciona.

Las plantillas son diversas. Hay personas que no consumen alcohol, otras que siguen dietas concretas, empleados con intolerancias y, simplemente, gustos distintos. Por eso cada vez tiene más sentido pasar de un lote cerrado a unas cestas de Navidad personalizadas.

La empresa fija el presupuesto. El empleado elige

Personalizar no significa perder el control del gasto.

La empresa puede definir un presupuesto por empleado y ofrecer acceso a una selección de productos previamente escogidos. A partir de ahí, cada persona configura su propia cesta.

Así, dos empleados reciben un regalo del mismo valor, pero no necesariamente los mismos productos.

La diferencia parece pequeña, pero cambia la experiencia: el regalo deja de estar pensado para un empleado genérico y empieza a adaptarse a personas reales.

Más elección, menos productos desaprovechados

Uno de los problemas habituales de las cestas tradicionales es que parte de los productos no se consumen.

Una botella para quien no bebe. Un alimento que no gusta. Un producto incompatible con una determinada dieta.

Dar capacidad de elección ayuda a reducir ese desperdicio y aumenta el valor percibido del regalo.

No hace falta regalar más. Hay que conseguir que lo que se regala tenga más sentido para quien lo recibe.

Una cesta también puede representar los valores de la empresa

Los regalos de Navidad para empleados son también una decisión de compra corporativa.

Por eso pueden incorporar criterios que vayan más allá del propio regalo: productos de proximidad, pequeños productores, sostenibilidad o proyectos con impacto social.

La empresa puede cuidar a sus empleados y, al mismo tiempo, decidir qué tipo de economía y qué iniciativas quiere apoyar con su presupuesto. En la guía sobre regalos corporativos sostenibles explicamos cómo aplicar estos criterios.

De lote de Navidad a experiencia

El modelo tradicional intenta encontrar una cesta que funcione razonablemente bien para todo el mundo.

Las cestas de Navidad para empresas personalizadas parten de una idea diferente: quizá la mejor cesta para todos sea permitir que cada uno cree la suya.

En Market Experience, la empresa establece el marco económico y cada empleado puede configurar su regalo dentro de una selección de productos.

Porque cuidar a las personas también significa reconocer que no todas quieren lo mismo.